Como vino, se irá: el dejar ir y la enfermedad
¡Hola! Lindo sábado para ti.
¿Cómo fue tu semana?
🌸☕📚
Hoy, la verdad, me siento un poco triste; se nota que la regla está a la vuelta de la esquina.
Estos días, ese ha sido el mood. Me costó aceptarlo.
Siempre entra la mente a juzgar eso que sentimos. A recordarnos, desde experiencias del pasado, diagnósticos y miedos, hasta comentarios de otras personas que alguna vez han opinado sobre cómo nos ven o no nos ven, cómo deberíamos hacer o no hacer. O mismo, consejos que nosotras mism@s pedimos y de los que luego nos arrepentimos por no habernos escuchado más desde "adentro” y no tanto, esperando esa aprobación y esa palabra desde “afuera”.
Pero ahí es cuando más podemos estar atentos a observar esos juicios, esos pensamientos que emergen y nos hacen sentir un poco más asustados, más pre-ocupados, empujándonos a ponernos ya en marcha para resolverlo: ir al médico, sacar cita, dar con la solución lo antes posible. Pero en esas ansias por quitarme el dolor —físico o emocional—, ese pinchazo en el pecho, esa molestia en la espalda o en el pie, hay un mensaje. Hay un mensaje, una forma de energía que anda por ahí pidiendo espacio, pidiendo tiempo para resolverse, pidiendo, más bien, atención.
Porque cuando uno pone la atención en la sensación, ese síntoma, ese dolor tiene la oportunidad de terminar de desarrollarse por completo. Esto suena un poco polémico, ¿verdad? Pues a mí, desde el primer momento en que lo escuché, se me despertaron todas las alarmas, preguntas y dudas. Quería saber más, pero, sobre todo, ver si realmente funcionaba. Esta técnica se conoce en español como la práctica del "dejar ir: el camino a la liberación". Se tradujo así del inglés, porque el título original es Letting Go: The Pathway of Surrender, la obra de David Hawkins. Él, a su vez, se inspiró en otros trabajos —por ejemplo, en el Método Sedona, donde puede verse un mensaje similar—, una línea de investigación que Hawkins profundizó y a la que dedicó su vida. Y menciono lo de la traducción del título porque a veces creo que en español "dejar ir", tal como suena, puede despertar cierta resistencia o incomprensión: suena a una acción muy pasiva -dejarse, abandonarse, tirar la toalla-.
Pero es justamente lo contrario. Es entregarse de lleno a la experiencia: sentir las sensaciones, experimentarlas y empezar a vivir sin tanta resistencia ni sufrimiento. Presencio aquello que siento, me empiezo a observar desde otro lugar, y eso me trae paz poco a poco. Me libera de la mente. La energía acumulada, reprimida, encuentra por fin salida. Dejar ir la resistencia a sentirlo; dejar ir el rechazo a lo que estoy viviendo.
Esta obra llegó a mis manos de casualidad: me regalaron el libro para mi cumpleaños y fue una sorpresa enorme. Resulta que yo hablaba mucho de él sin ser del todo consciente de cuánto me llamaba 😂. Había algo en él que me inquietaba y me atraía a la vez.
Debo decir que, cuando tenía unos 16 años, mi hermana me compartió un curso que estaba haciendo, llamado "Dale alas a la ansiedad", de la web desansiedad.com, un método desarrollado por la maravillosa psicóloga Fabiola Cuevas. Aquel curso me ayudó muchísimo a empezar a recuperar la confianza y a trabajar la ansiedad brutal que vivía en esos momentos, e incluía una práctica que me salvó en numerosas ocasiones.
Esa práctica incluía -sin yo saberlo entonces- la propuesta del dejar ir: se trataba de enfocarse en las sensaciones tal como se percibían, renunciando a querer cambiarlas o quitarlas. Desde una actitud de rendición activa, de aceptación, esas incomodidades, esos síntomas empezaban a desvanecerse tal como habían llegado.
Imaginate que, para mi Yo adolescente, aquello suponía un salvavidas potentísimo 🛟🛟, porque había días en que sentía que no podía ir a clase, que me costaba estar tranquila dentro de un bus, o incluso cuando entrenaba remo, donde pasábamos horas sobre el agua 🚣🏼♂️🚣🏼♂️
Siempre que lo necesitaba, me ponía por YouTube esta relajación guiada por Fabiola. Te dejo el enlace del vídeo que, a día de hoy, sigue siendo uno de mis rescates para las situaciones de pánico (la práctica empieza en el minuto 4:00): ver el vídeo. Era lo único que de verdad me devolvía la paz ante tanta tensión, miedo y pánico. ¡Y claro que la historia no se queda ahí: luego esa dificultad se transformó en un camino de crecimiento brutal, que me ha llevado a poder escribirte hoy aquí! 😊❤️
Lo que quería compartirte es esto: que, tras un aparente síntoma, enfermedad o dolencia, muchas veces parece que no hay salida, que no hay escapatoria. Que la única solución está en manos de unos pocos. Que convivirás con ello toda tu vida y que tendrás que dejar de hacer algunas cosas, porque el pánico o la ansiedad son una barrera para vivir determinadas experiencias.
La buena noticia es que nada es para siempre.
Nada vino para quedarse toda tu vida. Como decía mi queridísimo y sabio abuelo: "como vino, se irá".
🌬️
Sé que es duro, que no es fácil. Que, incluso, esa molestia física o emocional, esa ansiedad, volverá. Pero te aseguro que, con práctica, tu actitud ante esa situación marcará la diferencia. Porque ahora no le escaparás, no querrás salir corriendo, tal como quise hacer las mil veces que sentía que me ahogaba en el colegio. La llave 🗝️ está ahí, dentro de vos, y estoy segura de que la encontrarás de a poquito.

Hoy, la verdad, me siento ante un desafío enorme. Hoy la vida me invita, una vez más, a dejar ir un gran dolor. No es solo físico: es también emocional. Y me abro así, para ser sincera contigo.
Esta práctica que te traigo hoy es parte de cada momento y de cada día; cuanta más conciencia tengamos de ella y de sus beneficios, más podremos empezar a convertirla en una filosofía de vida. Hace meses que tengo infecciones urinarias recurrentes. Sí, puedo imaginar tu cara si también lo has atravesado y sabés a qué me refiero. No es solo dolor: también me ha despertado mucha desesperación, porque empezó a ocurrirme con más intensidad fuera de casa, a 1604 km para ser exacta. En otro idioma, sin tener ni idea de cómo ir al médico allí. Siento que el desafío fue doble, sumado a que atravesé uno de los momentos más difíciles que he vivido hasta ahora.
Pues te digo, compañera o compañero, que estoy saliendo de ese pozo que creí que no dejaba de hacerse más profundo. Al regresar a mi ciudad, me puse en contacto con especialistas en prácticas complementarias a la medicina convencional, y empecé a sentirme mejor de nuevo.
Empecé a mejorar. Pero hoy me levanté, después de un mes más o menos mejor, con síntomas de nuevo. Dolor, preocupación, tristeza. Todo junto. Y antes de hacer nada, me puse una práctica guiada basada en el dejar ir —> esta es la que hice. Creer o reventar: empecé a sentirme mejor a los 20 minutos de hacerla. ¿Qué quiero decir con esto? Que la solución no viene de afuera.
Tenía dos opciones: tomarme el mismo antibiótico que venía tomando desde hacía meses sin una solución real, o entregarme de verdad a sentirlo. A que me atravesara. Con la confianza de que no iba a morir en el intento. Soltar el control, escuchar al cuerpo, sentir esa intensidad de dolor con la tranquilidad de estar segura pase lo que pase. Porque sí, hoy de verdad sentí que no tenía más para hacer, sino rendirme.
Así que en ese proceso estoy. Con confianza, aunque también te cuento que el miedo regresa cada diez pensamientos. No te digo que dejes los antibióticos ni que no vayas al médico. Andá, informate, pero sobre todo conectá contigo.
Con lo que tu cuerpo quiere expresar y expresarte. Confiemos en ese proceso que ocurre de forma natural en nosotros, sin frenarlo con juicios, pensamientos o dramas del ego, de ese yo que busca sobrevivir a toda costa. Confiemos.
Dejemos ir la resistencia a sentir
No nos vamos a morir por intentar conectar con un mecanismo que ocurre naturalmente en nosotros.
Ya te contaré qué tal.
Por el momento, dejándolo ser.



